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La Responsabilidad Social de
las Empresas y el Diálogo Social

Con
el concepto de Responsabilidad Social de las Empresas, RSE, se propone una idea
de la empresa como una institución con unas responsabilidades que van mucho más
allá de sus funciones estrictamente económicas y de creación de riqueza y de las
obligaciones legítimas que tiene hacia sus propietarios y accionistas.
Sin
embargo, el grado de novedad de esta propuesta es relativo, ya que en las
sociedades democráticas y de manera particular en los países miembros de la
Unión Europea en el marco de un modelo social avanzado -modelo social europeo-,
además de la legislación fiscal a la que están sometidas las rentas y beneficios
empresariales, la actividad económica no sería comprensible sin la función de
las empresas de crear puestos de trabajo y desarrollar productos y servicios que
contribuyan al bienestar de los ciudadanos.
Por otra parte, la actividad
económica y las empresas están sometidas a un conjunto complejo de leyes y
regulaciones de protección de los intereses generales y del bien común. Las
leyes protegen los derechos que asisten a todos los grupos que están implicados
o se ven afectados por las actividades y decisiones empresariales.
Es el caso de
la regulación de los productos, las condiciones en las que deben ser
distribuidos en el mercado y las relaciones con los consumidores, los contratos
y las condiciones de trabajo, así como las relaciones de las empresas con sus
trabajadores o las actividades que pueden resultar perjudiciales para el medio
ambiente. Unos controles que tienen cierta homogeneidad en el conjunto de los
países miembros de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo
Económico, OCDE, y que incluso en los países de cultura anglosajona, donde la
legislación es más laxa, presentan también altos niveles de exigencia.
La
apelación al sentido de la responsabilidad social de las empresas, realizado por
los jefes de Estado y de gobierno de la Unión Europea en la cumbre de Lisboa en
marzo de 2000, debe entenderse en este contexto complejo de la legislación y las
normas que regulan la actividad económica. En las conclusiones de la Presidencia
de la cumbre de Lisboa se dice: “El Consejo Europeo hace un llamamiento especial
al sentido de la responsabilidad social de las empresas con respecto a las
prácticas idóneas en relación a la formación continua, la organización del
trabajo, la igualdad de oportunidades, la integración social y el desarrollo
sostenible”.
Un llamamiento que debe ser situado en el marco del movimiento a
favor de la ampliación de las responsabilidades empresariales en relación al
marco legal de obligaciones existente hasta estos momentos en las sociedades
democráticas. Un movimiento formado por las organizaciones y grupos más
dispares, como las organizaciones internacionales multilaterales, instituciones
y gobiernos, organizaciones no gubernamentales, sindicatos de trabajadores,
asociaciones de consumidores, así como una abigarrada mezcla de iniciativas
individuales y colectivas, protestas y movilizaciones, en torno a los efectos
negativos de los procesos de globalización.
Para
la Unión General de Trabajadores, UGT, resulta obvio que lo que se demanda en
Lisboa al sector privado de la economía es “una contribución más activa “ al
esfuerzo de crecimiento y de progreso social de la Unión Europea. Un esfuerzo
que, como por otra parte se ha recogido en los principales documentos sobre la
RSE elaborados desde julio de 2001 por la Comisión, el Parlamento y el propio
Consejo Europeo, debe traducirse en dos grandes líneas de políticas, más allá
del cumplimiento escrupuloso por parte de las empresas europeas de sus
obligaciones legales en todos los ámbitos: a) La necesidad (o exigencia) de que
sean corregidos los efectos sociales más negativos de un modelo de crecimiento y
de gestión empresarial que, especialmente durante los años noventa, ha
favorecido el crecimiento de las externalidades ambientales negativas, el avance
de los fenómenos de dualización económica y social, de profundización de las
desigualdades y, finalmente, de la exclusión en el mismo corazón de la Europa
más desarrollada, y b) La demanda a las empresas europeas para que adopten como
guía de sus decisiones un principio de responsabilidad pública que permita a la
Unión Europea avanzar en el desarrollo de un modelo de competitividad capaz de
hacer frente a los nuevos retos de la competencia en un mundo más globalizado.
Un modelo que debe ser congruente -responsable- con las ambiciones de calidad y
progreso del modelo social europeo.
Es decir, un modelo que permita crear más
empleos y de mayor calidad, que favorezca el desarrollo de un clima de mayor
confianza y cooperación entre las empresas, los trabajadores y el conjunto de la
sociedad.
El
Tratado de Ámsterdam otorga a las organizaciones empresariales y a los
sindicatos el derecho de negociación de acuerdos de ámbito europeo que adquieren
un carácter equivalente al de las directivas en el ámbito legislativo.
Así ha
sido recogido también en el Tratado constitucional europeo que concede a los
acuerdos entre los interlocutores sociales un papel central en las relaciones
laborales y una influencia determinante en la política social, las estrategias
de empleo y las políticas macroeconómicas, por lo que no parece exagerado
afirmar que los avances en el diálogo social son el eje más importante para el
desarrollo de la RSE en el ámbito europeo y en los países miembros de la Unión.
Un diálogo entre los interlocutores sociales que exige acuerdos en una
pluralidad de ámbitos, tanto a nivel europeo como en los países miembros, los
distintos sectores industriales y las empresas, para favorecer la participación
y la corresponsabilidad de los trabajadores y los sindicatos en el desarrollo de
modelos responsables de gestión.
Así lo entiende también el Parlamento Europeo,
que en su resolución de mayo de 2003 sobre la RSE[1] afirma
que en los informes sociales no sólo se debe dar cuenta sobre la forma en que la
empresa asume sus responsabilidades hacia el conjunto de los individuos y grupos
involucrados y/o afectados por sus actividades y decisiones, sino también sobre
el cómo participan “los trabajadores, sus representantes, los consumidores y los
inversores”, se dice en la resolución, “a la hora de dotar dichas medidas (de
responsabilidad) con un contenido concreto y de controlarlas y aplicarlas”.
Este
es también el sentido del acuerdo que hicieron público en marzo de 2005 las
organizaciones empresariales y sindicales CEOE, CEPIME, UGT Y CCOO para trabajar
juntos en el marco del diálogo social con el objetivo de hacer avanzar el
sentido de responsabilidad social de las empresas.
Aunque existe un amplio consenso sobre el hecho de que el diálogo, la
negociación y los acuerdos (stakeholders dialogue) constituyen uno de los ejes
más importantes en la construcción del concepto de Responsabilidad Social de las
Empresas, RSE, y que, como ha recordado el Comité Económico y Social Europeo en
su dictamen de noviembre de 2005, los compromisos sociales voluntarios de las
empresas y el diálogo con las distintas partes interesadas son elementos
indisociables, lo cierto es que la mayor parte de las iniciativas que están
adoptando las empresas en materia de responsabilidad son prácticamente
desconocidas por los trabajadores, los consumidores y otros stakeholders
esenciales para el desarrollo empresarial.
En este sentido debemos recordar que
una de las conclusiones más reveladoras del estudio preliminar realizado en 2005
por el equipo de investigación del ObservatorioRSE es que las empresas han
adoptado el nuevo discurso sobre la responsabilidad sin apenas cambios en las
estrategias y políticas empresariales tradicionales. En general, en los informes
de las empresas del selectivo Ibex 35 correspondientes al ejercicio 2004 abundan
las referencias retóricas a la responsabilidad y al desarrollo sostenible, al
mismo tiempo que la parquedad de los datos que se ofrecen al escrutinio de la
opinión pública resulta llamativa.
En muchos casos, las políticas y resultados
de la gestión en los ámbitos de la responsabilidad que constituyen los ejes más
importantes del debate europeo sobre la RSE están cubiertos por un espeso velo
de opacidad y de ausencia de informaciones y datos concretos. Es el caso de las
políticas de empleo, los programas de mejora de las condiciones de trabajo, las
políticas de igualdad y diversidad o la consideración de las necesidades y
expectativas de progreso de los trabajadores; políticas que, por otra parte,
permitirían avanzar hacia un enfoque de las relaciones laborales basado en la
confianza y en la implicación responsable de los trabajadores en el desarrollo
de los objetivos empresariales; sin duda, una opción de mejora de la
competitividad que es congruente con la ambición, compartida por la mayoría de
los ciudadanos europeos, de fortalecimiento y modernización del modelo social.
 
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